JOSECHU CURIEL

Se nos fue Josechu. 
Y con él la mitad que quedaba de esa pareja espectacular que formaba con Mariate.

Después de un mensaje corto, que no por esperado fue menos doloroso, la conversación se inundó de fotos y recuerdos. Y es que era imposible no querer al bueno del tío Josechu. El de la sonrisa perpetua y la palmada en la espalda. 

Imponente atleta que tan pronto jugaba al balonmano o al baloncesto y lo ganaba todo como iba con la selección de lanzamiento de jabalina porque entrenando en el campo de la lado, devolvió una e hizo tan buena marca que tuvieron que ficharlo. Capitán de la selección española de rugby, aún cuelga su foto en la cafetería del Colegio Mayor Cisneros donde viví un año y algún ex colegial me contó cómo se le recordaba por su simpatía y su inigualable carisma.

Aventurero total. Decía un compañero suyo que Josechu descubrió 40 años antes que él que lo de ser economista es un coñazo. Así que optó por ser eso que ahora llaman “emprendedor”. Regentó todo tipo de negocios: inmobiliarias, hostelería, toallas…Un visionario que, mucho antes de que llegase esta ola de la nueva cocina y las flores comestibles, se comía los geranios en su restaurante Charlot. 

Josechu cocinaba paellas para 100 en su querido Bouzas y el espectáculo no era lo buena que estaba sino verle mientras la hacía. Le echo un chorro de coca cola y te imito a John Wayne. Pásame esa peluca y si no hay cenicero a mano, no pasa nada que eso al arroz también le va bien. Nunca probé una igual.

Al tío Josechu te lo encontrabas a rebolos por el suelo jugando con sus nietos y no te extrañaba. Porque muchos años antes había hecho lo mismo con nosotros. Nos dejaba alucinados cuando se “hinchaba” el bíceps, o, a petición popular, se sacaba la camisa y se quemaba los pelos del pecho ante los ojos atónitos de los pequeños y los gritos de fondo de Mariate. 

Ay Mariate…la conversadora total, tenía en este un buen compañero de aventuras. Josechu y su sinfín de anécdotas que se encargaba de aderezar y narrar con todo lujo de detalles a cualquiera que se sentase a su lado. Josechu se liaba a veces. Y se aliaba siempre con lo mejor de cada casa. Créanme que semejante cantidad de aventuras no surgen sólo de día. Mariate esperaba. Y aunque a veces desesperaba, Josechu siempre volvía con algo que contar y esa sonrisa otra vez. Entonces quién se iba a resistir?

Josechu supo, como todos, que aquí estamos de paso…pero al contrario que el resto, hizo algo al respecto. Vivió la vida como le dio la gana. Y disfrutó de ella al máximo. Un adelantado a su tiempo, él decía que había nacido 30 años antes. Pues también te marchaste antes de tiempo, tío.

Con lo que le gustaba disfrazarse…tuvo que irse en plenos carnavales. 

Todos lloramos a Josechu. Como todos lloramos a Mariate. Porque en este mundo traidor en el que vivimos, ellos son de ese tipo de personas especiales, peculiares, con una personalidad fuera de lo común, que hacen que la vida sea mucho más divertida. 

Estoy convencida de que le aparecerá a Mariate, donde quiera que esté, y ella le preguntará que dónde se había metido. Él, optimista hasta la médula, le contará que se lió un poco pero que todo bien y todos bien. Sobre todo esos 4 hijos que nos dejan como testimonio de la pareja irrepetible que fueron y a los no podemos querer más. Y sin embargo para ellos no tenemos ningún consuelo. 

Adiós tío Josechu. Gracias por ser como fuiste. Dale un besiño a Mariate de nuestra parte y miéntele diciendo que estamos todos muy bien. Aunque os echemos de menos todos los días y nos hayáis dejado un vacío tan grande.

Os queremos. 

 Hay familias y FAMILIAS. Qué suerte la mía. 

Hay familias y FAMILIAS. Qué suerte la mía.